Testimonios

Mi nombre es José Manuel y soy trombonista. Acabé mis estudios en 2012, durante los cuales estuve siempre con el mismo profesor, quien me incidía mucho sobre la calidad de mi sonido. Ante ello, y apenas siendo consciente, desarrollé una serie de malos hábitos, como una apertura exagerada del punto de vibración, que a su vez me llevó a tensar músculos de la cara y el cuello. Todo ello no hizo más que reducir mi nivel interpretativo, generándome una serie miedos y frustraciones a la hora de tocar que salieron a la luz un par de años más tarde.

La sensación era horrible: apenas podía atacar una nota de forma directa, las notas del registro agudo me eran prácticamente imposibles de tocar, pues tensaba muchísimo músculos de la cara y del cuello; el registro grave sonaba inseguro y apagado, no era capaz de tocar fuerte, apenas aguantaba quince minutos tocando, me aparecieron varias llagas y aftas en el labio por apretar tanto la boquilla contra los dientes y además acababa extremadamente cansado y dolorido después de tocar, con la impresión de ser un completo incompetente en tocar, algo que no acababa de aceptar tras haber tocado obras muy largas y complejas años atrás. No obstante, el simple hecho de coger el trombón ya me suscitaba temor.

Harto de tal situación y a punto de dejar mi carrera de músico, decidí contactar con Joaquín, no sin antes haber investigado a través de Internet y por referencias de otros compañeros míos con distonía. Empecé mis sesiones con Joaquín en diciembre de 2015 y el cambio de un mes para otro fue espectacular. Su manera de abordar este problema de forma cercana, sincera y basada en la simplicidad y en la vida cotidiana, me ayudaron a comprender que casi todos nuestros problemas a la hora de tocar, por no decir todos, se encuentran en nuestra mente, y que es posible resolverlos mediante el estudio relajado y simple, basado en disfrutar y en dejar prejuicios a un lado.

Actualmente, disfruto de nuevo del trombón todo lo que puedo: lo toco prácticamente todos los días, invento ejercicios, llego hasta notas que antes eran impensables, toco con todas las agrupaciones que me es posible, hago pruebas para orquestas, estudio obras que años atrás consideraba imposibles…Ha sido un proceso largo, de hecho, aún no ha acabado, pero Joaquín me colocó en un punto de partida privilegiado, desde el que he podido redescubrir, amar y valorar aún más el trombón y, por extensión, la música. Le estoy eternamente agradecido y, a pesar de estar prácticamente recuperado, no descarto volver a encontrarme con él para que me siga aportando más de sus sabios consejos.

Testimonio Jose Manuel Carrillo

A Joaquín Fabra, por alumbrarme el camino hacia la libertad de expresión sin ataduras, rincones del alma que desconocía.
Raul Fraile

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Testimonial Raul Fraile

En este camino de arte, creatividad y crecimiento que es la música he tenido el privilegio de conocer personas de gran talento y sabiduría, maestros que dejan una huella permanente. Joaquín Fabra es sin duda uno de ellos. Tiempo atrás me habían hablado de él, siempre muy bien, pero francamente, creo que los calificativos se quedaban cortos.

Su conocimiento de la mente y el alma humana va más allá de la mera erudición. Su saber está fortalecido con la experiencia del que ha transitado los más complejos caminos para ahondarse allí donde se sitúa lo esencial, el meollo de la cuestión.

En su desarrollo de la terapéutica, en este caso para músicos, consigue una auténtica alquimia, una profunda transformación de patrones, malos hábitos, miedos, conflictos y todo tipo de problemas. Joaquín no solo guía, ayuda y ofrece respuestas, te impulsa por una vía donde uno encuentra mucho más de lo que fue a buscar.

La consciencia nos conduce a la sabiduría y en el arte, tan importante es la consciencia del que ofrece como del que recoge, del músico como del terapeuta. Por ello, ante la excelente labor de Joaquín solo recomiendo abrir los sentidos, el corazón, la mente y disciplinarse en la búsqueda de uno mismo para permitir que la mágica conexión con lo mejor de ti se produzca

Chema Vilchez

http://www.chemavilchez.com

Testimonio Chema Vilchez

Testimonial A. Bates

Testimonio A.Bates

Un fuerte abrazo y siempre agradecido por salvarme la vida.

Conocí a Joaquín Fabra en junio de 2006, a raíz de las complicaciones que iba padeciendo con respecto a uno de los dedos de mi mano derecha. Llevaba un tiempo en el que ciertas técnicas y movimientos específicos no funcionaban correctamente. A priori, pensé que podían ser motivados por un exceso de trabajo, estrés o alguna dolencia que esos momentos pudiera tener. Pasó un tiempo, y este proceso no mejoraba, por lo que me hablaron de Joaquín Fabra y su sistema de trabajo para ayudarte a recuperar la movilidad de la mano.

Cuando me presenté en su estudio y me vio tocar, al instante me diagnosticó la temida distonía focal, en un grado no muy severo. Me transmitió la esperanza de que pronto me iba a recuperar volviendo a mi estado previo, es decir, con una vida totalmente saludable con mi instrumento.
Empezamos a trabajar cuestiones relativas a la psicología y a la manera de cómo enfrentarse a tu trabajo diario con el instrumento desde diferentes perspectivas. Al final te das cuenta que no es un problema físico, sino más bien una cuestión de “actitud”. Hay que intentar evitar estudiar de manera obsesiva y pensar que los resultados no serán los esperados, este es el gran problema en el que muchos músicos quedan atrapados y es un verdadero error.

De toda mi experiencia con Joaquín Fabra, resaltaría tres parámetros de trabajo que me inculcó de manera profunda y, a través de ellos, he podido recuperarme e incluso tocar con mayor libertad, con más precisión si cabe, y sobre todo disfrutar al máximo con lo que hago. Estos parámetros a los que aludía antes son: conciencia de bienestar, de capacidad y de aceptación, ahí está la clave para ser feliz con tu instrumento.

Carlos Piñana

Testimonio Carlos Piñana

Mi nombre es Adrián Calvo Hallé y soy guitarrista profesional desde hace 15 años. Actualmente trabajo de profesor de guitarra en el Conservatorio Profesional “Pablo Sarasate” de Pamplona.
Entre el año 2011 y 2012 sufrí una serie de graves problemas en mi mano derecha que me impedían tocar con normalidad, planteándome incluso abandonar la práctica de la guitarra. Mi mano derecha sufría de tensiones anómalas, movimientos involuntarios, y una rigidez extrema al tratar de tocar el instrumento.
Tras largos meses buscando soluciones por mi cuenta y barajando las opciones que la medicina ofrecía y que pude encontrar, me decidí por dar clases con Joaquín Fabra para que me ayudara.
Fue una grandísima suerte encontrarle porque pude recuperarme gracias a sus consejos y ejercicios sin necesidad de medicamentos ni operaciones que era lo que más temía. El trabajo de la parte emocional y mental del músico fue toda una revelación para mí y mi manera de estudiar, y a día de hoy sigo usando sus consejos para mí y mis alumnos.
La condición de músico profesional de Joaquín Fabra hace que su trabajo sea mucho más coherente con la realidad de los músicos y sus necesidades que las que la medicina tradicional puede aplicar a este tipo de problemas. La distonía focal no se puede ver como un mero problema mecánico que se cura como un hueso roto, sin atender a las connotaciones psicológicas y hábitos de trabajo del músico.
Quiero agradecer de nuevo a Joaquín Fabra su labor con mi caso ya que seguramente no hubiera podido seguir haciendo lo que más me gusta sin su ayuda.
Adrián Calvo Hallé
En Pamplona, a 15 de marzo de 2016.

Testimonio Adrián Calvo Hallé

Guitarrista Brasileño

Siempre he sido una persona con muchas inseguridades a la hora de tocar. Al principio no era muy consciente de ello, pero con el paso del tiempo el miedo a fallar se fue volviendo cada vez más evidente.

Cuando tenía 18 años empecé mis estudios superiores de viola en Holanda. El primer año transcurrió con aparente normalidad. Fue a partir del segundo curso cuando empecé a caer en picado. El primer síntoma que noté fue que no podía vibrar con el tercer dedo tan bien como con el resto de los dedos. Intenté suplir esta carencia con mil ejercicios técnicos con los que mi profesor me ayudaba. El simple hecho de ver que los demás podían hacerlo sin ningún problema contribuía a que me sintiese cada vez más pequeña.

El siguiente año los síntomas empezaron a ir a más. Ya no solo no podía vibrar con el tercer dedo, sino que ciertas digitaciones que implicaban su uso me resultaban incómodas. Muchas veces cambiaba las digitaciones para evitarlo. Trataba no pensar mucho en por qué lo hacía, y poco a poco el hecho de sustituir el tercer dedo se convirtió en algo habitual y automático.

El último año todo explotó. La idea de mi examen final, aunque puede sonar un poco exagerado, me aterraba. ¿Cómo iba a tocar en el recital si la digitación más básica era prácticamente imposible para mí? Intentaba decirle a mi profesor que no podía tocar determinadas cosas y él, de la mejor forma que podía, trataba de ayudarme con ejercicios de relajación y postura. Recuerdo perfectamente el día en el que fui a clase e intenté tocar un estudio aparentemente muy fácil para la mano izquierda. Me puse a llorar y le dije a mi profesor que no podía, que tenía que creerme. Creo que ahí se dio cuenta de que algo pasaba.

Yo ya había oído hablar de la temida “distonía focal del músico”. Un amigo muy cercano a mí también la sufría. Empecé a interesarme por lo que le pasaba. Cuando me habló de sus síntomas, me di cuenta que eran prácticamente iguales a los míos. A partir de ese momento comenzó una búsqueda casi interminable y muy dolorosa. Me faltarían dedos para contar las veces que me dijeron que era una enfermedad incurable y que tendría que dejar la música. Todo el mundo se empeñaba en opinar libremente sobre lo que me estaba pasando y me llegaron a decir de todo. Lo más fuerte que recuerdo es algo así: “Si te pasa eso es que no te gusta tocar. A mí me gusta mi profesión y no puedo dejarla ni un día. ¿Por qué no lo dejas?”. En resumen, pasé uno de los peores años de mi vida.

Mi examen final se acercaba. Al final decidí hacerlo. Toqué como pude, sin utilizar el tercer dedo y con repertorio más o menos asequible para mí. Había pensado muchas veces en que lo dejaría después del concierto final, pero cuando salí del escenario comprendí que era imposible olvidarme de algo que llevaba haciendo toda la vida. Por lo menos tenía que intentarlo.

Investigué por mi cuenta y di con todo tipo de tratamientos, cada cual más aterrador que el anterior. Mi amigo me habló de Joaquín Fabra, del que había oído muy buenas opiniones aunque él mismo no lo conocía personalmente. Sin dudarlo, le contacté y fui a Madrid. Desde la primera sesión con él supe que no me había equivocado y que era lo mejor que podía haber hecho. Mejor dicho, desde los primeros diez minutos. ¿Por qué? Porque fue el único que me aseguró que, si seguía sus instrucciones, me iba a curar. A estas alturas estaba muy harta de informarme sobre diferentes tratamientos que pedían cantidades astronómicas de dinero y que, para más inri, no aseguraban recuperación al cien por cien. Joaquín me ayudó a comprender que el problema no estaba en mi mano, si no que estaba en mi relación con el instrumento. Una relación que empezó condicionada por el miedo a fallar y que acabó siendo presa de un terror desmesurado a bajar el dedo.
Desde mi experiencia, y ya con la mano casi recuperada, me gustaría deciros que no prestéis atención a la ingente información tóxica sobre este problema. Se puede salir de esto. Y cuando se sale es maravilloso, porque tu actitud ya no es la misma. Te llevas una mochila llena de cosas nuevas que no solo se aplican a la música, sino que son útiles para la vida.

R. Araujo

DISTONIA FOCAL – PROF. JOAQUÍN FABRA


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