Testimonios

 

“Siempre he sido una persona con muchas inseguridades a la hora de tocar. Al principio no era muy consciente de ello, pero con el paso del tiempo el miedo a fallar se fue volviendo cada vez más evidente.

Cuando tenía 18 años empecé mis estudios superiores de viola en Holanda. El primer año transcurrió con aparente normalidad. Fue a partir del segundo curso cuando empecé a caer en picado. El primer síntoma que noté fue que no podía vibrar con el tercer dedo tan bien como con el resto de los dedos. Intenté suplir esta carencia con mil ejercicios técnicos con los que mi profesor me ayudaba. El simple hecho de ver que los demás podían hacerlo sin ningún problema contribuía a que me sintiese cada vez más pequeña.

El siguiente año los síntomas empezaron a ir a más. Ya no solo no podía vibrar con el tercer dedo, sino que ciertas digitaciones que implicaban su uso me resultaban incómodas. Muchas veces cambiaba las digitaciones para evitarlo. Trataba no pensar mucho en por qué lo hacía, y poco a poco el hecho de sustituir el tercer dedo se convirtió en algo habitual y automático.

El último año todo explotó. La idea de mi examen final, aunque puede sonar un poco exagerado, me aterraba. ¿Cómo iba a tocar en el recital si la digitación más básica era prácticamente imposible para mí? Intentaba decirle a mi profesor que no podía tocar determinadas cosas y él, de la mejor forma que podía, trataba de ayudarme con ejercicios de relajación y postura. Recuerdo perfectamente el día en el que fui a clase e intenté tocar un estudio aparentemente muy fácil para la mano izquierda. Me puse a llorar y le dije a mi profesor que no podía, que tenía que creerme. Creo que ahí se dio cuenta de que algo pasaba.

Yo ya había oído hablar de la temida “distonía focal del músico”. Un amigo muy cercano a mí también la sufría. Empecé a interesarme por lo que le pasaba. Cuando me habló de sus síntomas, me di cuenta que eran prácticamente iguales a los míos. A partir de ese momento comenzó una búsqueda casi interminable y muy dolorosa. Me faltarían dedos para contar las veces que me dijeron que era una enfermedad incurable y que tendría que dejar la música. Todo el mundo se empeñaba en opinar libremente sobre lo que me estaba pasando y me llegaron a decir de todo. Lo más fuerte que recuerdo es algo así: “Si te pasa eso es que no te gusta tocar. A mí me gusta mi profesión y no puedo dejarla ni un día. ¿Por qué no lo dejas?”. En resumen, pasé uno de los peores años de mi vida.

Mi examen final se acercaba. Al final decidí hacerlo. Toqué como pude, sin utilizar el tercer dedo y con repertorio más o menos asequible para mí. Había pensado muchas veces en que lo dejaría después del concierto final, pero cuando salí del escenario comprendí que era imposible olvidarme de algo que llevaba haciendo toda la vida. Por lo menos tenía que intentarlo.

Investigué por mi cuenta y di con todo tipo de tratamientos, cada cual más aterrador que el anterior. Mi amigo me habló de Joaquín Fabra, del que había oído muy buenas opiniones aunque él mismo no lo conocía personalmente. Sin dudarlo, le contacté y fui a Madrid. Desde la primera sesión con él supe que no me había equivocado y que era lo mejor que podía haber hecho. Mejor dicho, desde los primeros diez minutos. ¿Por qué? Porque fue el único que me aseguró que, si seguía sus instrucciones, me iba a curar. A estas alturas estaba muy harta de informarme sobre diferentes tratamientos que pedían cantidades astronómicas de dinero y que, para más inri, no aseguraban recuperación al cien por cien. Joaquín me ayudó a comprender que el problema no estaba en mi mano, si no que estaba en mi relación con el instrumento. Una relación que empezó condicionada por el miedo a fallar y que acabó siendo presa de un terror desmesurado a bajar el dedo.

Desde mi experiencia, y ya con la mano recuperada, me gustaría deciros que no prestéis atención a la ingente información tóxica sobre este problema. Se puede salir de esto. Y cuando se sale es maravilloso, porque tu actitud ya no es la misma. Te llevas una mochila llena de cosas nuevas que no solo se aplican a la música, sino que son útiles para la vida.”

Rebeca Araujo

 

“Escribe estas palabras alguien que no recordaba lo que era sentirse bien en mucho tiempo. Para cualquier músico el instrumento es como una extensión de su cuerpo, de su personalidad. Cuando conocí a Joaquín llevaba cerca de un año sin encontrarme nada bien con el instrumento, utilizando todas las herramientas que tenía para solucionar mi “problema técnico” con la trompa, que empezó con dolores mandibulares y numerosas tensiones musculares. Evidentemente, no
tenía todas las respuestas, y ahí fue donde me di cuenta que necesitaba la visión de alguien que pudiera ayudarme.

Lo mejor de todo es que además me percaté de que no llevaba un año peleando, sino muchos más, y que aquel momento de rotura había estado fraguándose por mucho tiempo. El trabajo desarrollado con Joaquín desde el primer momento siempre se definió con ideas muy simples, y pese a mi cabezonería (“involuntaria” por otra parte), nunca vi nada que no fuese un trato cariñoso desde su rol de mentor. Ahora mismo me faltan horas en el día para estar con el instrumento, y recuerdo muchas veces que cuando estaba trabajando y no aparecían los resultados o veía avances muy pequeños, los consejos de Joaquín siempre eran de enorme utilidad para recordar qué hacer y cómo hacerlo. Esta experiencia, este viaje de aprendizaje, es como un túnel en el que puedes centrarte en la oscuridad o en la luz de la salida. Como la vida misma.

A mi Virgilio personal que me acompañó por ese sendero oscuro y luminoso a la vez, no puedo más que expresar gratitud infinita.”

Benjamín Iglesias Martínez

 

“Hola, me llamo Antonio Funez y soy trompista.

Todo empezó hace 4 años antes, cada vez que tocaba notaba una dificultad que no tenía antes. Notaba que tenía que hacer más esfuerzo que antes. Empiezo a preocuparme y sentir ansiedad. Recurro a mis recursos como trompista, hago ejercicios, los cuales cada vez siento que tengo menos flexibilidad. Pasan varios meses hasta que me doy cuenta que no puedo tocar y mi mente se inunda de un gran sentimiento de impotencia y desolación. Cada vez me siento más hundido y depresivo. Luego pasé por una etapa en la cual cambió mi carácter, más alterado e irascible.  Decido ponerme en manos de médicos y se inicia una muy larga temporada de especialistas en psicología, neurología, etc.. gasté  miles de euros en ello. En cuanto a esto, mi opinión es que no saben como abordar las distonías de los músicos pero consultan con compañeros y buscan soluciones que nunca son las correctas y cada terapia me creaba una esperanza que luego se venía abajo inmediatamente. Es difícil explicar con palabras como puedes llegar a sentirte en una situación así en tu vida, con una carrera terminada, con un trabajo en un conservatorio sin poder tocar, un miedo atroz de  que la gente se entere y empieces a perder los contactos que siempre has tenido. Incluso de perder tu trabajo por incapacidad. Llevaba años esperando la llamada para trabajar como docente en un conservatorio y cuando llega ese momento me encuentro en lo peor de este síndrome apoderado de mi totalmente, física y psicológicamente, y digo física porque la distonía se había apoderado de mi hasta el punto en que el tan sencillo hecho de beber en un vaso o una botella, mi boca se torcía y endurecía al querer beber y a veces se me derramaba por encima la bebida. Una tensión constante en la cara durante las 24 h que no podía ni descansar bien por las noches. Trasnochaba de la preocupación y desarrollé bruxismo, el cual me despertaba con fuertes dolores de encías y boca. En fin, mi vida cambió 180 grados totalmente hacia la desesperación.

Navegando por Internet, encontré vídeos de distonías donde se puede ver distintos tipos y en los cuales se iba viendo una evolución hacia mejor. Indagué en los comentarios y vi el nombre de Joaquín Fabra. Seguí indagando y encontré su número de teléfono el cual usé enseguida y le escribí explicándole lo que me pasaba durante 2 años y medio de suplicio. Él enseguida me llamó y me dijo que me quería ver personalmente y organizamos una cita.

La primera vez que me encontré con él después de hablar largo y tendido, no sé cómo en ese momento, después de una serie de ejercicios de actitud soné una nota en la trompa después de 2 años y medio y se me saltaron las lágrimas. Me di cuenta que este era el camino que necesitaba. Con el paso de los meses y de tomármelo muy en serio y con mucho compromiso, a la vez que fui corrigiendo las fatales costumbres de vida que había desarrollado, la tensión de mi cara iba disminuyendo y podía tocar la trompa cada vez más. A día de hoy doy mis clases de trompa en el conservatorio con normalidad, he vuelto a hacer ensayos y conciertos con normalidad, me vuelvo a sentir realizado y me invade una sensación de relax emocional.

La distonía es un síndrome que puede atacar a cualquier persona. En el caso de los músicos algunos han oído hablar de ello, pero en general hay mucho desconocimiento. Por eso yo lo llevé lo más íntimamente posible e inventando excusas de que no podía tocar porque estaba muy atareado, etc. Es una gran impotencia saber que quieres hacer lo que desde pequeño haces pero no puedes.

Gracias a Joaquín Fabra, toda esta historia, a día de hoy es como  un mal sueño, pero que me ha hecho ver todo lo que hacía mal en la vida y en la música , sobre todo he aprendido los recursos para vivir la música y la vida con normalidad y equilibrio.”

Antonio Funez

 

“My struggles with dystonia in my left hand began in 2002, and by early 2003 I was unable to play even the simplest of passages.  I tried many kinds of traditional and alternative therapies to no avail, and was told by several practitioners that it was unlikely that I would ever play again.  I spent the next several years having my instrument re-configured and learning to play without the affected finger.  However, by 2008, the lack of function began to spread to other fingers, making playing impossible.   The dystonia was even starting to be present in other activities such as typing.

As I searched the internet for answers, I came across Joaquin Fabra’s videos and contacted him.  This was the best decision I could have possibly made.  He replied to me quickly and we began working together soon after.  I began to notice improvement in the function of my fingers right away, and it was clear he had an insight into musician’s dystonia unlike that of anyone else I’d met.

My many years of struggling against dystonia had deeply engrained certain patterns of thought in my mind.  Because of this, my journey to recovery was perhaps slower than that of others.  Joaquin’s guidance, patience and compassion during the entire recovery process were unceasing and inspirational.

Not only have I fully recovered all functionality of my fingers, I feel that my technical mastery is actually better than it was before my battle with dystonia began.  I play with greater ease and fluidity.   I am thrilled with the fact that I have been able to successfully resume all professional activities.

Without Joaquin Fabra’s teaching, I am sure that I would no longer be playing the flute.  He not only saved my playing, but instilled in me ideas that influence my teaching on a daily basis.  I am deeply grateful for his generous teaching and friendship.”

Linda Nielsen

 

“Mi nombre es Sergio, apasionado de la guitarra flamenca, aunque no me dedico a ello profesionalmente, a principios de 2017 empezé a notar que el dedo índice de mi mano derecha no iba bien. Al principio no le di mucha importancia, o eso creí yo, pero pocos meses después, no podía tocar la guitarra, ya que el dedo se quedaba agarrotado totalmente, doblado hacia la palma y era incapaz de moverlo. Visité un fisioterapeuta, el cual tras varias sesiones de trabajo me comunicó que no podía ayudar. Seguí buscando y encontré una fisioterapeuta especialista en músicos, comunicándome que no me podía ayudar tampoco,  y me habló por primera vez de la distonía del músico, recomendándome visitar a Joaquín Fabra. Fue una gran suerte ya que Joaquín, la primera vez que nos vimos me dijo que el problema con mi dedo no estaba muy avanzado y que en poco tiempo estaría recuperado. Lo que que más me  sorprendió fué cuando en la primera cita me dijo que a mi dedo no le pasaba nada, que simplemente estaba confuso, enfadado, frustado, que mi mano era el escaparate de un enorme lío que había en mi cabeza.

Empezé a trabajar con las pautas que me iba indicando y después de un año con él, he vuelto a tocar y disfrutar de la guitarra.

No quiero despedirme sin agradecer al maestro Joaquín la ayuda que ha supuesto para vida musical.”

Sergio Ruiz Correro

 

“En mi caso, aparentemente no había nada que me impidiera tocar la flauta. Pero la realidad era que el aire no entraba, no podía tocar fuerte, no podía hacer vibrato, me dolía la garganta al hacer golpe de lengua, no podía hacer trinos rápidos, ni me sonaban las notas graves. Cosas que hasta los niños pequeños podían hacer, pero a mí no me salían. Era muy frustrante. Y cuanto más estudiaba, peor: nada mejoraba y la frustración era cada vez mayor.

Después de muchos años y explorar distintas posibilidades, tenía la sospecha de que todo se debía a un exceso de tensión muscular. Pero era una tensión que yo no podía relajar, aflojar. Y en esa búsqueda, finalmente di con la web de Joaquín. Yo no estaba muy segura de que lo mío fuera algo que él pudiera tratar, pero después de contarle lo que me pasaba me dijo que sí, que era perfectamente recuperable con su método de trabajo. Y así fue, tanto que en sólo tres sesiones ya me dijo que no necesitaba volver. Porque desde el primer momento fue directo al grano y no pretendió retenerme ni una sesión más de las necesarias.

Tengo que estudiar el vibrato, pero todo lo demás me está saliendo con una facilidad y una calidad que no había tenido nunca antes. Lamento, aunque también comprendo, que mis profesores de flauta no hubieran podido ayudarme con estas cuestiones. Pero, como el propio Joaquín me dijo, yo no tenía un problema con la flauta, sino con el modo en que me relacionaba con el hecho de tocar la flauta.

Un pensamiento y una emoción son todo lo que marcaba la diferencia entre poder tocar libremente y bien, o no poder hacerlo. Mi nueva máxima, una de las frases que Joaquín me dijo: “Que tu éxito se mida por cuánto disfrutas tocando”.

Silvia García

 

“Mi nombre es José Manuel y soy trombonista. Acabé mis estudios en 2012, durante los cuales estuve siempre con el mismo profesor, quien me incidía mucho sobre la calidad de mi sonido. Ante ello, y apenas siendo consciente, desarrollé una serie de malos hábitos, como una apertura exagerada del punto de vibración, que a su vez me llevó a tensar músculos de la cara y el cuello. Todo ello no hizo más que reducir mi nivel interpretativo, generándome una serie miedos y frustraciones a la hora de tocar que salieron a la luz un par de años más tarde.

La sensación era horrible: apenas podía atacar una nota de forma directa, las notas del registro agudo me eran prácticamente imposibles de tocar, pues tensaba muchísimo músculos de la cara y del cuello; el registro grave sonaba inseguro y apagado, no era capaz de tocar fuerte, apenas aguantaba quince minutos tocando, me aparecieron varias llagas y aftas en el labio por apretar tanto la boquilla contra los dientes y además acababa extremadamente cansado y dolorido después de tocar, con la impresión de ser un completo incompetente en tocar, algo que no acababa de aceptar tras haber tocado obras muy largas y complejas años atrás. No obstante, el simple hecho de coger el trombón ya me suscitaba temor.

Harto de tal situación y a punto de dejar mi carrera de músico, decidí contactar con Joaquín, no sin antes haber investigado a través de Internet y por referencias de otros compañeros míos con distonía. Empecé mis sesiones con Joaquín en diciembre de 2015 y el cambio de un mes para otro fue espectacular. Su manera de abordar este problema de forma cercana, sincera y basada en la simplicidad y en la vida cotidiana, me ayudaron a comprender que casi todos nuestros problemas a la hora de tocar, por no decir todos, se encuentran en nuestra mente, y que es posible resolverlos mediante el estudio relajado y simple, basado en disfrutar y en dejar prejuicios a un lado.

Actualmente, disfruto de nuevo del trombón todo lo que puedo: lo toco prácticamente todos los días, invento ejercicios, llego hasta notas que antes eran impensables, toco con todas las agrupaciones que me es posible, hago pruebas para orquestas, estudio obras que años atrás consideraba imposibles…Ha sido un proceso largo, de hecho, aún no ha acabado, pero Joaquín me colocó en un punto de partida privilegiado, desde el que he podido redescubrir, amar y valorar aún más el trombón y, por extensión, la música. Le estoy eternamente agradecido y, a pesar de estar prácticamente recuperado, no descarto volver a encontrarme con él para que me siga aportando más de sus sabios consejos.”

José Manuel Carrillo

 

A Joaquín Fabra, por alumbrarme el camino hacia la libertad de expresión sin ataduras, rincones del alma que desconocía.
Raul Fraile

 

 

Testimonial Raul Fraile

En este camino de arte, creatividad y crecimiento que es la música he tenido el privilegio de conocer personas de gran talento y sabiduría, maestros que dejan una huella permanente. Joaquín Fabra es sin duda uno de ellos. Tiempo atrás me habían hablado de él, siempre muy bien, pero francamente, creo que los calificativos se quedaban cortos.

Su conocimiento de la mente y el alma humana va más allá de la mera erudición. Su saber está fortalecido con la experiencia del que ha transitado los más complejos caminos para ahondarse allí donde se sitúa lo esencial, el meollo de la cuestión.

En su desarrollo de la terapéutica, en este caso para músicos, consigue una auténtica alquimia, una profunda transformación de patrones, malos hábitos, miedos, conflictos y todo tipo de problemas. Joaquín no solo guía, ayuda y ofrece respuestas, te impulsa por una vía donde uno encuentra mucho más de lo que fue a buscar.

La consciencia nos conduce a la sabiduría y en el arte, tan importante es la consciencia del que ofrece como del que recoge, del músico como del terapeuta. Por ello, ante la excelente labor de Joaquín solo recomiendo abrir los sentidos, el corazón, la mente y disciplinarse en la búsqueda de uno mismo para permitir que la mágica conexión con lo mejor de ti se produzca

Chema Vilchez

http://www.chemavilchez.com/